Del antiguo convento franciscano de finales del siglo XIII,
sólo queda hoy el templo conventual convertido en parroquia de San Pedro. Destacan en él
la torre románica, la portada con arcos abocinados y ligeramente apuntados y maderas
adornadas con herrajes de fina artesanía, y los tres tramos de la nave única (que tiene
además un bello retablo en el altar mayor), muy alargada se comunica directamente con la
capilla de Merás, en la que fue enterrado su fundador (en 1613) Pedro de
Merás.
Desaparecido el resto de lo que fuera recinto conventual, podemos ver en sus
proximidades muros y piedras del antiguo Hospital de peregrinos Mater Christi, en solar
frontero a la calle Mayor, del que podemos admirar parte de sus viejas fachadas
posteriores, y los restos de su iglesia . En el pasado siglo hubieron de utilizarse sus
locales como aulas escolares de primera enseñanza y, posteriormente, el propio templo
encontró aplicación a ser teatro de la villa, hasta su venta a un particular en 1929.